Tags

Related Posts

Share This

El Sistema Binominal Chileno.

Por Álvaro Arriagada.

Para entender en qué consiste el sistema binominal chileno o el método de elección de nuestros representantes políticos, debemos primero que todo, entender que el concepto que se intentó emular en la década de los ochenta fue el concepto de ‘equilibrio político’ predominante en Reino Unido llamado Sistema Westminster, el cual consiste en empoderar a la oposición política de turno con los mismos roles determinados para el oficialismo, en otras palabras si en el oficialismo existe una cartera especializada en Educación (Ministerio) la oposición debiera de poseer también representantes especializados, de esta manera la funcionalidad parlamanetaria y política se mantenía equilibrada. Este concepto de ‘equilibrio’ fue adaptado y evolucionó principalmente a medida que la influencia de distintas filosofías, asiáticas y africanas, llegaron a la isla británica.

Este intento de emulación del sistema Westminster calzaba a la perfección en la contigencia nacional de la década de los ochenta pues uno de los factores primordiales para su correcto funcionamiento es que la figura presidencial no sea tan fuerte. Actualmente este sistema es utilizado en cuarenta paises incluido Reino Unido.

¿Funcionaría actualmente este sistema en Chile? Es posible, pero para eso se deberían eliminar gran parte del total grotesco de potestades que posee nuestra figura presidencial, lo cual nos lleva a otro punto súper relevante, en países como Reino Unido y Alemania no existe una Constitución propiamente tal, en el caso inglés se consideran las leyes, jurisprudencias y el derecho internacional como base legal del sistema, en cambio en Alemania existe el Grundgesetz (Ley Fundamental 1849) pues consideraban que era la manera más efectiva de administrar un gobierno federado. Ambos modelos poseen parlamentos bicamerales como el nuestro, pero con la excepción de que los actores políticos están más acotados, es decir existen dos fuerzas antagónicas, limitando el partidismo para así dar un equilibrio no sólo político sino también social.

Así fue como Jaime Guzmán a pedido de Augusto Pinochet en la Constitución Política de 1980 decidieron establecer más menos el mismo sistema, no obstante no estaban dadas las condiciones ni sociales ni institucionales para su funcionamiento. Esto demarca la eterna obsesión compulsiva de nuestra clase política de mirar siempre hacia el hemisferio norte en busca de respuestas. El sistema binominal chileno “funcionó” para dar orden institucional (no estructural) a nuestro sistema de gobierno que comenzó a madurar ya en la década de los noventa, acotando los períodos presidenciales, estableciendo la reelección como no válida y otras figuras legales que en el fondo no cambiaban la estructura, sino más bien moldeaban el actuar o comportamiento de los representantes políticos dentro del sistema. ¿Qué sucedió a raíz de esto? Comenzaron las primeras escaramuzas por temas de representatividad, las cuales se han arrastrado hasta el día de hoy.

Entonces, debemos decidir cómo vamos a salvarnos de esta ausencia de representatividad, pero antes debemos saber que ‘representar’ a un ciudadano no significa expresarse por él sino más bien cumplir y realizar las funciones que éste determine, en la Constitución chilena las funciones inherentes del parlamentario o representante político están bastante confundidas, entonces no podemos hablar de representates políticos en Chile, pues el ciudadano no ha influido en la definición de las funciones parlamentarias ni gubernamentales. Sin ir más allá, el hecho de que en Chile exista un bicameralidad no tendría sentido, pues no existen sólo dos fuerzas políticas, y la falta de real representación en el sentido de que la voluntad popular no se respeta, es decir de dos listas (A y B) pasan a la ‘segunda fase’ quienes sean primeras mayorías de las respectivas listas, no importando si ambos candidatos de la lista A poseen más votos de manera individual que los de la lista B.

Voy ahora a dar algunos ejemplos de modalidades o herramientas políticas fácilmente aplicables en Chile como por ejemplo las ‘Asambleas Constituyentes’ que han tenido un efecto en extremo positivo en paises como Argentina y Colombia, otro factor es la Unicameralidad y acá debo hacer un determinado alcance, pues en el tema de ‘representación’ la bicameralidad se defiende argumentando el número de habitantes de una población determinada, bueno Chile posee cerca de diecisiete millones de habitantes y dos cámaras, Perú posee treinta millones de habitantes (menos densidad) y un parlamento unicameral, pues el concepto no es el número de personas que se representa sino la diversidad de las mismas.

Tal vez ninguna de éstas herramientas sean de gusto de ustedes, bueno menciono estos ejemplos pues estos países poseen divisiones jurisdiccionales similares a las nuestras, es decir existen tres divisiones territoriales, pero la diferencia es que en Chile sólo votamos por representantes municipales, parlamentarios y por el primer mandatario, es decir sólo por el 68% del total de actores que actuan en las distintas jurisdicciones, pero en esos paises hay absoluta intervención de la ciudadanía en la elección y designación de éstos.

Entonces, para terminar voy a mencionales a Suiza, sí Suiza, qué tiene este país de interesante además de los relojes, pues simple, la ciudadanía en su total interviene incluso en los aspectos legislativos ¿Se imagina Ud. con la capacidad de crear un proyecto de ley? Pues ahora imagínese también votando para decidir si ése proyecto puede o no entrar en vigencia. Suiza es uno de los países con la Constitución más antigua del mundo (1848) y netamente representativa. Si bien poseen una democracia parlamentaria (directa o semi-directa) la principal herramienta de integración ciudadana son los referendos públicos que sólo necesitan de la participación del 0,6% de la población para considerarse válidos.

¿Y ud. todavía considera que acá tenemos una democracia real? Pues le diré una cosa, en Chile los senadores y diputados trabajan en funciones ‘parlamentarias’ sólo seis días al mes, sí seis. La última semana de cada mes se destina para que nuestros representantes se dirijan a sus oficinas ‘regionales’, ahora vaya ud. a ver o hacer la prueba si es posible encontrar a su representante durante aquellos días ¿No está convencido con que hay que cambiar el actual sistema? Entonces le diré de que por región debieran existir sólo cuatro representantes políticos parlamentarios, anexamos dos representantes de cada etnia (aymara, pascuense y mapuches en principio) y un representante por cada isla con más de dos mil habitantes y tendríamos un total de setenta parlamentarios ¿Cuatro es muy poco para la Región Metropolitana? Bueno démosle seis, entonces serían setenta y dos a diferencia de los casi ciento sesenta que actualmente tenemos trabajando solo seis días al mes en funciones parlamentarias.