Nelson Mandela, el terrorista que apoyaba la Lucha Armada

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VÍA QKANTTON

 

Mientras el mundo entero consagra y destaca su pacifismo, (incluidos comentarios de la derecha dura lamentándose por su muerte), nunca está de más recordar el pasado de lucha «terrorista» contra el sistema de Nelson Mandela. Algo que por supuesto, los medios silencian. Aficionado al boxeo desde su juventud, Nelson Mandela decidió cambiar de estrategia política después de la matanza de Sharpeville el 21 de marzo de 1960, cuando la policía del régimen racista de Pretoria ordenó disparar contra una manifestación anti-apartheid. Murieron 69 personas, incluidos mujeres y niños y otras 180 resultaron heridas. Por supuesto, todas las víctimas eran sudafricanos negros.

 

Realizó, sin mayores complejos, un llamado a la lucha armada y participó en la creación del brazo militar del CNA, que se llamó “Lanza de la Nación” (Umkhonto We Sizwe). Su modelo fue el Irgun, la organización paramilitar sionista que el 22 de julio de 1946 hizo volar por los aires el Hotel Rey David en Jerusalén, sede del alto mando de la policía y el ejército ingleses. El atentado costó casi 100 vidas, pero la Corona comprendió que no podría retener Palestina entre sus colonias, fomentando las querellas entre árabes y judíos y recurriendo a la horca para castigar a los responsables de la resistencia.

 

El propio Mandela, ahora convertido por los medios en un símbolo del pacifismo, ordenó una campaña de atentados contra edificios del gobierno sudáfricano, aceptando “las inevitables bajas que se producirán en el calor de la batalla”. Detenido, procesado y condenado en 1964, fue encarcelado en la durísima prisión de Robben Island, recibiendo cadena perpetua y convirtiéndose en el prisionero 466/64. Estados Unidos incluyó el ANC en la lista oficial de organizaciones terroristas, donde permaneció hasta 2008 y Amnistía Internacional nunca reconoció a Mandela como preso de conciencia, sin ir más lejos, decían de «Madiba»:

 

«Nelson Mandela participó en la planificación de actos de sabotaje y de incitación a la violencia, de modo que no cumple con los criterios para calificarle como un prisionero político. No es el delito de su opinión lo que le llevó a la cárcel, sino, como el auto en su contra, la preparación, manufactura y uso de explosivos, lo que incluye 210.000 granadas de mano, 48.000 minas antipersonales, 1.500 temporizadores, 144 toneladas de nitrato de amonio, 21,6 toneladas de pólvora de aluminio, y una tonelada de pólvora negra. 193 actos de terrorismo cometidos por su organización entre 1961 y 1963»

 

 

Mandela contó, para su actividad terrorista, con el respaldo de una ideología que había justificado, amparado y fomentado la acción violenta en todo el mundo: el comunismo. En este sentido, Mandela era una gota en el océano del terrorismo de inspiración comunista que recorría todo el orbe. Él escribió, incluso, un pequeño opúsculo, lo más parecido a una obra intelectual que haya salido de su mano, titulado “Cómo ser un buen comunista” (1961). En él dijo:

 

“La del comunismo es la mayor causa en la historia de la humanidad. Gracias al genio de Marx, Lenin y Stalin, un mundo comunista está a nuestro alcance, en el que no habrá explotadores y explotados, opresores y oprimidos, ricos y pobres. El movimiento comunista todavía se enfrenta a poderosos enemigos, que han de ser aplastados y eliminados de la faz de la tierra, antes de que podamos lograr un mundo comunista. Sin una lucha dura, amarga y larga contra el capitalismo y la explotación, no puede haber un mundo comunista”.

 

 

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En Robben Island, Mandela sólo podía recibir una carta y una visita cada seis meses. Dormía sobre una esterilla en una pequeña celda, recibía una ración de comida inferior a la de los prisioneros de otras etnias y realizaba trabajos forzados en una cantera de cal durante 12 horas al día. En 1982, fue transferido a la prisión de Pollsmoor para neutralizar su influencia entre los líderes de una nueva generación de activistas. Le trasladan con Walter Sisulu y otros dirigentes del ANC.

 

En 1983, el ANC realiza su primer atentado con coche bomba contra el Cuartel General de la Fuerza Aérea de Pretoria. Murieron 19 personas y 200 resultaron heridas, civiles y negros incluidos. Mandela deploró la pérdida de vidas inocentes, pero consideró que el objetivo era legítimo: responder a la matanza de Maputo (13 asesinados en las oficinas del ANC) y Maseru (42 víctimas, entre las que había cinco mujeres y cinco niños), ambas organizadas por el gobierno de Pretoria.

 

En 1985, el Presidente Botha le ofrece la libertad a cambio de su renuncia pública a la lucha armada, pero Mandela le contesta que “un hombre privado de libertad no puede negociar ni aceptar tratos”. Añade que le parecería “vergonzoso” aceptar la oferta, mientras su pueblo “sigue soportando torturas, asesinatos y odiosas discriminaciones”.

 

 

Nelson Mandela no solo fue un ejemplo de vida, un pacifista y bonachón presidente, fue, junto al poco recodado Steve Biko, uno de los más grandes defensores de la lucha armada de su país. La prueba viviente de que, en determinadas circunstancias, la resistencia por la vía de las armas, es una reacción más que lógica a la propia violencia institucional.

 

 

 

 

 

 

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14 comentarios

  1. Es increible como pueden matar a miles de negros, privarlos de sus derechos, reducirlos a la más mininma expresión. Y nadie dice nada. Pero los negros se defienden y todo el mundo los acusa de terroristas. Pasó con Mandela, pasó con Martin Luther King y pasará cada vez que alguien diferente se levante contra la injusticia. Pelear por un mundo más justo no es comunismo, es sentido comun. Lo que los comunistas hicieron tambien fue atroz, pero si uno no está de acuerdo, de inmediato lo tachan de comunista y anarquico.

    • creo que el punto es el siguiente. Nada avala matar miles de personas, ni ideales, ni religiones, no razas, ni nada. Aunque personalmente creo que las matanzas son de mucha utilidad en términos de control de población, tristes pero efectivas.

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