Piñera en aprietos: Ex gerente de Banchile tiene audios que demostrarían que compró acciones de LAN con información privilegiada

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Un nuevo escandalo de corrupción enfrenta Sebastián Piñera, luego que Ciper Chile publicara un extracto del libro “Piñera y los Leones de Sanhattan”, que hace referencia a la compra de acciones de LAN que realizó en junio de 2006, donde el entonces candidato presidencial de la Alianza accedía, a través de su holding financiero Bancard y con la ayuda de la corredora Banchile, al 50% del paquete accionario de la aerolínea que vendía el estadounidense Carlisle Wysong. En el texto, el periodista Sergio Jara Román aclara que Piñera, pese a las advertencias de los operadores de Banchile, realizó la transacción con información privilegiada al conocer los balances de la compañía. Parte del artículo señala:

 

En este apartado del sexto capítulo del libro “Piñera y los leones de Sanhattan”, el periodista Sergio Jara Román revela la existencia de grabaciones que reproducen diálogos entre el Presidente Sebastián Piñera y operadores de Banchile Corredora de Bolsa, quienes le habrían advertido que no comprara más acciones de LAN, empresa de la que ya era accionista, pues contaba con información privilegiada sobre sus movimientos bursátiles. En 2006 Piñera fue multado por la SVS por ese negocio irregular, pero hasta ahora, no se ha podido probar que utilizó esa información. Piñera, plantea el libro, podría tener problemas incluso en Estados Unidos, ya que una parte de esa operación se realizó en ese país y nunca fue investigada. Un ex jefe de operaciones de la Corredora Banchile asegura que tiene guardadas tres horas de esas grabaciones en su caja fuerte, y que solo las revelará si es que un juez se lo exige.

 

Conversé con dos ejecutivos de Bancard y tres de Banchile que participaron de esta operación y reconstruyeron paso a paso el negocio. Ese mismo día, me dijeron dos de ellos, horas antes de hablar con Piñera, Araya se las había arreglado para comunicarse con Carlisle Wysong, el gringo. Wysong era, en realidad, el manager de HBK, un fondo de inversión con base en Texas, Estados Unidos, que llevaba una semana vendiendo sus acciones de LAN a través de Banchile y Bear Stearns, su intermediario estadounidense que dos años más tarde sería la primera corredora de bolsa en desaparecer del mapa por la crisis de las hipotecas, también conocida como subprime.

 

La compra de acciones de LAN que hizo Piñera el 24 de junio de 2006 fue un negocio sucio, que más tarde les estallaría de vuelta en su cara. También se transformaría en una de las operaciones más oscuras del joven mercado financiero chileno. Una de esas operaciones que en los años noventa y la década siguiente eran parte del paisaje, gatilladas por datos confidenciales que nacían de conversaciones jugando golf o almorzando en el Club de la Unión y que nadie se atrevía a denunciar. Muchos empresarios, amigos de Piñera incluso, lo habían hecho en reiteradas ocasiones. No había motivo para sospechar que esta vez sería diferente. Pero lo fue.

 

En enero de 2007 la Superintendencia de Valores y Seguros formuló cargos contra Sebastián Piñera por esa operación. En julio de ese mismo año le cursó una multa por 363 millones de pesos que él pagó sin apelar. Lo sancionaron por no abstenerse de comprar acciones de LAN estando en conocimiento de información privilegiada. Una sanción grave, aunque burda, de primerizo. Sobre todo, para alguien que había sido parte, mientras era senador, de la creación de la Ley del Mercado de Valores. Piñera había caído en su propia trampa. Pero, como en muchos otros casos en los que se había visto involucrado, la sanción social poco le afectaría.

 

Francisco Armanet se ha pasado cuatro horas hablando sobre lo que fue su incursión en el mercado de valores chileno durante los últimos treinta años. Recién se dio un respiro y le echó un vistazo a la nueva publicidad de su programa de televisión, en el que entrevista a expresidentes. Irónicamente, su paso por la bolsa estuvo marcado por la relación con Piñera, un presidente al cual nunca quiso entrevistar, pese a que se lo ofrecieron. Lo conoció joven, cuando le vendió su primera empresa zombi. Ya maduro, enfrentó a sus socios y amigos en negocios opacos, por decir algo. Y ya en su etapa final, cuando era gerente general de Banchile, le tocó administrar la crisis tras la compra de acciones de LAN. – “Fue un desagrado, un desagrado tremendo”, mastica después de la pausa. “Yo no entendía al principio, pero me dijeron que se habían comprado acciones antes de que se publicaran los estados financieros de LAN. Cuando se informó públicamente la compra de esas acciones, el mercado financiero entero se paró en dos manos. Fue un desagrado”.

 

Hace cuatro años, cuando revisaba documentos antiguos en su caja fuerte, se puso a pensar en el caso LAN y se dio cuenta de lo que tenía en sus manos: antecedentes que debían permanecer resguardados al menos otros diez años. Armanet, sin quererlo, se había convertido en el guardián de uno de los secretos más reservados del mundo político, uno del que no se ha hablado nada durante la última década y que, desde 2007, ha estado juntando polvo en la oscuridad de su caja fuerte. Lo que Armanet custodia con tanto celo es un CD, pero no uno cualquiera: en él hay antecedentes inéditos del negocio más polémico que realizó Piñera, aquel que le costó la millonaria multa de SVS y que aún podría abrirle un flanco ante la Securities and Exchange Commission, pues el fondo de inversión al que le compró las acciones estando en conocimiento de información privilegiada era de Estados Unidos.

 

El CD que protege Armanet contiene más de tres horas de grabaciones telefónicas entre Piñera, su equipo de ejecutivos de Bancard y los tres operadores de Banchile. Los audios, dice, dan cuenta de las negociaciones que hizo el entonces empresario y de las previas, aquellas que hicieron los traders de Bancard a su nombre mientras él participaba del directorio de LAN. Armanet, cuando dejó Banchile, sacó las cintas de la corredora y luego las traspasó a un CD. Sabía que debía resguardarlas, porque ese día pasaron muchas más cosas. Cosas que no fueron parte de la sanción de la Superintendencia y que, según cree, podrían ser del interés de la autoridad de Estados Unidos. Armanet nunca más volvió a escuchar esas grabaciones hasta ahora. “Esas grabaciones son nuestro único medio de prueba para liberar a la corredora, a nuestros ejecutivos que participaron en la operación, y a mí, de una eventual acusación de complicidad”, cree Armanet, y por eso, dice, aún conserva el CD.

 

La complicidad a la que se refiere tiene que ver, entre otras cosas, con las advertencias que hizo Banchile a los operadores de Bancard respecto de los riesgos de la operación, dado que Piñera conocía información financiera de LAN que aún no era revelada al mercado, información privilegiada. Araya y Gienari, los operadores de Banchile, hablaron sobre ello antes de concretar la operación y transmitieron el mensaje a Bancard: consulten con sus abogados, esto puede ser riesgoso. Ambos operadores sabían que Piñera tenía potentes ambiciones políticas. Era la primera vez que lograba constituirse como candidato único de la derecha a la presidencia del país. El triste y vergonzoso episodio de la radio Kioto, un escándalo de espionaje político que protagonizó en los noventa, había quedado atrás y su capital político, increíblemente, parecía estar saneado. Verse involucrado en un nuevo escándalo empresarial parecía una mala idea y eso hasta los corredores de Sanhattan lo sabían. De ahí que Araya y Genari hablaran de la complejidad de la operación y transmitieran el mensaje a Bancard.

 

En Bancard, tras recibir las advertencias de Banchile, nadie hizo mucho. O, al menos, nada que sirviera para medir y controlar un negocio potencialmente sucio. Y como no hubo respuesta, como nadie hizo nada, todos siguieron adelante. La historia oculta tras esta operación da cuenta de que, durante la investigación de la Superintendencia, Carlos Pavez, un funcionario del organismo que más tarde llegaría a ser el superintendente, fue quien lideró las pesquisas. Junto a otros inspectores del regulador bursátil, se instaló en las oficinas de Banchile para escuchar las grabaciones. Se las pidió a Armanet para llevárselas y anexarlas al expediente. Pero no se las entregaron. Enrique Barros, el abogado que asesoraba a Banchile y que más tarde sería presidente del llamado Comité de Buenas Prácticas de la Bolsa de Comercio de Santiago, habría recomendado no hacerlo.

 

Pavez no podía ocuparlas como prueba. Pero sí podía escucharlas. A la mala, pero era eso o nada. Precisamente, de esa grabación saldría una pregunta clave en el interrogatorio que le aplicó al empresario a casi dos meses de que se concretara la operación LAN. Piñera fue interrogado el 26 de septiembre de 2006, a las 16:00. Como siempre lo hace con fiscales y funcionarios de la Superintendencia, él eligió el lugar para prestar declaración. Citó a Pavez en el Instituto Carlos Casanueva, un organismo educacional con tintes religiosos que es conocido simplemente como la Academia Cueto, debido a su fundador, Enrique Cueto Sierra, tío de los hermanos Cueto, los históricos socios y amigos de Piñera en LAN y otros negocios.

 

En la oficina 23 del instituto, junto a otros dos funcionarios de la Superintendencia, Pavez le preguntó directamente a Piñera si había sido advertido sobre el posible uso de información privilegiada en la operación LAN. “Cuando se hizo la transacción no había consultado la opinión de ningún abogado porque me siento familiarizado con la Ley de Valores, tanto por haber participado de su elaboración y aprobación en el Congreso en mi carácter de exsenador y por mi activa participación en el mercado de valores. Llegué a la conclusión, por los antecedentes antes mencionados, que esta operación era plenamente legal y legítima ya que no involucraba uso de información privilegiada”, declaró Piñera.

 

Los operadores de Bancard con los que conversé sobre esta operación lanzaron una carcajada cuando les pregunté si Piñera pudo haberle pedido asesoría a un abogado. “Piñera no le pide ayuda a nadie”, dijo uno de ellos. “Si crees que haría algo así, es porque realmente no lo conoces”. Armanet tampoco cree que Piñera pidiera asesoría legal, y menos se explica por qué negó ante Pavez, un funcionario público, las advertencias que hicieron los operadores de Banchile. Como sea, las negociaciones y advertencias están registradas en las grabaciones, el único medio de prueba que Armanet dice tener y que solo hará público si un juez se lo pide.

 

Sebastián Piñera se ha pasado la vida tratando de sacarle rendimiento a sus negocios. Casi siempre le ha ido bien, pero ha dejado heridos en el camino. El caso LAN no fue la excepción. Según una carta que le envió a la SVS en el marco de su defensa, él no era quien elegía sus inversiones, como todo el mundo siempre ha pensado. Lo hacía, según dijo, un sistema computacional que tomaba las decisiones en función de complejas operaciones matemáticas. Pese a su carta y todos esos testimonios, aquello de que un computador decidía por él no era muy creíble. Sin embargo, era su defensa y la Superintendencia debía probar que cuando invirtió en LAN no solo contaba con información privilegiada, sino que también la había usado y que lo del computador era solo una coartada ridícula.

 

Pero la autoridad no lo pudo hacer. Solo acreditó que había comprado acciones estando en conocimiento de información privilegiada, algo similar a lo que les pasó a los corredores y empresarios de Empresas Penta y Consorcio cuando vendieron el control del Banco de Chile a Andrónico Luksic, en 2001. Aquello implicó una multa en dinero, una mera sanción administrativa para Piñera. El caso penal por uso de información privilegiada estaba muerto y la apertura de una arista en Estados Unidos estaba supeditada a una denuncia que nadie hizo. Ni siquiera la Superintendencia. Pero cuando Piñera aún estaba en eso, defendiéndose y enviando antecedentes a la SVS, también decidió jugar una segunda carta, por si la primera no funcionaba: apostar a la teoría del empate.

 

Cientos de empresarios, probablemente amigos de él, socios de él, habían hecho lo mismo y nadie los había perseguido y menos multado. En un escrito que presentó su abogado, Juan Domingo Acosta, Piñera dijo que esos otros grandes empresarios y ejecutivos habían realizado setecientas treinta y seis operaciones que tenían características similares a las que él había concretado con LAN. El documento, titulado “Lista de transacciones para su revisión”, llegó a manos de Guillermo Larraín, el superintendente que multó a Piñera, y se transformó en la punta de lanza de nuevas indagatorias de la SVS por uso de información privilegiada en todo Sanhattan.

 

Piñera, seguramente, no midió las consecuencias de lo que estaba diciendo, pues la SVS leyó esa presentación como una delación. Secreta, pero delación al fin y al cabo. Los alcances que pudo tener esa suerte de traición a sus pares, en todo caso, fueron acotados. La mayor parte de esas setecientas treinta y seis operaciones contenía información incorrecta o estaban, simplemente, prescritas. Según información que obtuve por la Ley de Transparencia ante la SVS, solo cuarenta fueron investigadas finalmente y, de ellas, nueve terminaron en sanciones. Se trataba de nueve empresarios y ejecutivos que nada tenían que ver con la operación LAN, pero que gracias a Piñera fueron descubiertos y multados, al igual que él, por no abstenerse de operar con acciones estando en conocimiento de información privilegiada.

 

Le pregunté a Armanet, dada su experiencia en Sanhattan, qué opinión tenía del uso de información privilegiada, qué tan extendida estaba y cuánto daño hace al mercado. Esto me respondió: —Desde el punto de vista del mercado, el uso de información privilegiada es uno de los delitos más graves y que más valor destruye. En términos simples, quien utiliza información privilegiada en beneficio propio, por ejemplo, comprando acciones, desde un punto de vista económico está robando, donde el ladrón es el que compra y la víctima es el que vende. — ¿Así de simple? —Sí, así de simple. Existen aristas, pero el concepto base se puede explicar con peras y manzanas. Y, en realidad, ni siquiera se necesitan las peras, solo con las manzanas se puede explicar.

 

En un país serio este escándalo significaría la renuncia de Sebastián Piñera. Estamos hablando de un tipo que ya fue declarado reo y estuvo prófugo de la justicia tras robar el Banco de Talca, que lleva 35 años robando, estafando y evadiendo impuestos y que incluso hizo negocios mientras era presidente para ganar dinero mientras Chile perdía en La Haya. Piñera tiene que pasar a la historia como lo que siempre fue, uno de los delincuentes más grandes en la historia del país. Ahora es responsabilidad del periodismo exponerlo




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2 comentarios

  1. En Chile no hay periodismo, solamente hay relacionadores públicos, donde el lema es “Cuidar la Pega”, lamentablemente. Somos una nación discapacitada, mental, ética y moralmente.

  2. Vaya, ninguno de los comentaristas pontificantes ha estado por acá regalándonos sus profundas e independientes opiniones.

    No debe parecerles una noticia relevante.

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