Tráfico de drogas, asaltos, abusos y golpizas a profesores: La violencia escolar estructural que el “Aula Segura” de Piñera no resolverá

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Seamos claros: El proyecto “Aula Segura” de Sebastián Piñera es un fraude. Una maniobra comunicacional que no resolverá en nada la violencia escolar, (donde por algo hasta los profesores se oponen), y que sólo servirá para aumentar el Populismo Penal en el país. Al respecto, Ciper Chile entrevistó a profesores de liceos de cinco comunas populares, quienes fueron unánimes en rechazar el proyecto, denunciando que sólo es un volador de luces de Piñera ya que no resolverá la violencia estructural que existe en los colegios. Parte del artículo señala:

 

Tráfico y consumo de drogas, amenazas y golpizas a profesores, ataques con arma blanca, asaltos y abusos entre alumnos. Así describen los profesores de liceos de cinco comunas populares la violencia cotidiana que enfrentan. Una situación crítica que no aborda –según los docentes entrevistados por CIPER- el proyecto Aula Segura, cuyo debate es monopolizado por los overoles blancos y las molotov en liceos emblemáticos. Hoy sí se puede expulsar por actos graves, pero por fallas burocráticas a veces la sanción se anula, creando un clima de impunidad. Lo que más temen es convertirse en receptáculo de alumnos conflictivos, agravando la violencia que ya sufren.

 

En junio de 2016, cinco alumnos del Liceo Valentín Letelier (comuna de Recoleta), atacaron con bombas molotov a un piquete de Carabineros. El director del establecimiento, Víctor Jofré, los expulsó. Lo hizo dos años antes de que el gobierno enviara a trámite parlamentario la Ley de Aula Segura, cuyo objetivo es que los directores de colegios puedan expulsar a los alumnos que cometen faltas gravísimas. Una facultad que, como lo demuestra el caso de Jofré, los directores ya tienen: estadísticas de la Superintendencia de Educación, citadas por La Tercera, indican que en el último año, 745 escolares fueron expulsados en todo el país, con un promedio de seis por semana.

 

Aula Segura no sirve

CIPER recorrió liceos de cinco comunas con alta población vulnerable (Puente Alto, La Pintana, Recoleta, Renca y Quinta Normal). Allí preguntamos qué piensan sobre el proyecto de ley los profesores que se enfrentan a diario con una violencia escolar dura, que no es la de las molotov y los overoles, sino de chicos que trafican drogas en las salas, amenazan con armas blancas, golpean a profesores, asaltan y abusan a sus propios compañeros. Y todos rechazan el proyecto de ley, por insuficiente.

 

De los 745 alumnos expulsados en 2017, el 49% de ellos lo fue por agresiones contra sus compañeros, el 14% por violencia contra docentes o asistentes de la educación y 37% por otros motivos de gravedad, como porte de armas y tráfico de drogas. Pero de esa violencia, que se está “normalizando” en los liceos de comunas populares, prácticamente nadie ha hablado en el debate de sordos en que se ha convertido la tramitación de Aula Segura. Hasta ahora, tras su paso por el Senado y su ingreso a tramitación en la Cámara, el único cambio concreto que ofrece el proyecto es que acorta el plazo para hacer efectiva la expulsión de un alumno por actos violentos: hoy puede tomar sobre 20 días y de aprobarse la nueva ley quedaría en no más de 15. Un avance muy poco significativo, a juicio de los docentes consultados por CIPER.

 

Aunque en La Moneda aseguran que todo aquel que está en contra de su proyecto está del lado de los violentistas, el recorrido de CIPER por liceos de zonas vulnerables muestra lo contrario. Todos los profesores consultados –la mayoría pidió la reserva de sus nombres por temor a represalias– concuerdan en que los alumnos que cometen faltan gravísimas deben ser expulsados, pero aun así no están de acuerdo con la ley propuesta. Para los maestros, la principal falla del proyecto es que no considera financiar las herramientas profesionales que corresponden para enfrentar la creciente violencia que se vive en sus liceos, sino que solo la castiga.

 

En particular, estiman que la nueva norma debiese incluir presupuesto para dos objetivos: capacitación masiva de profesores en programas para intervenir de forma eficaz en los conflictos y fortalecer la convivencia; y contratar personal especializado (psicólogos, psicopedagogos y asistentes sociales) en cantidad suficiente, porque muchos colegios ya cuentan con una “dupla psico-social” (psicólogo y asistente social), pero que no da abasto por la cantidad y complejidad de los casos. Esta demanda, que se repitió en todos los liceos que recorrió CIPER, apunta a la misma carencia histórica que muestra la catastrófica situación de los niños que están bajo el cuidado del Estado en el Sename.

 

Un segundo punto no considerado en el proyecto Aula Segura, a juicio de los docentes, es que no incluye medidas para “reforzar” a los liceos que terminan recibiendo a los expulsados. Los profesores consultados por CIPER manifestaron su temor de que la ley termine simplemente “trasladando” el problema desde los liceos emblemáticos del centro de Santiago hacia los liceos periféricos, agravando los conflictos y la violencia que estos últimos ya sufren. Ejemplos ya hay: hace un par de meses el Liceo Valentín Letelier recibió a dos expulsados provenientes del Liceo de Aplicación, uno de los principales focos de la violencia de los “overoles blancos”. De hecho, la situación del Aplicación, junto con la del Internado Nacional Barros Arana (donde la brutal agresión a un carabinero y los ataques a su rector coparon la agenda noticiosa), prácticamente ha monopolizado el debate por el proyecto de ley Aula Segura.

 

“Esta ley pareciera ser un distractor social para decir el gobierno se preocupa, pero no aborda el origen de fondo del problema”

– A nosotros nos ofrecen combos regularmente. Nos sacan la madre todos los días. Hay alumnos que llegan permanentemente bajo los efectos de las drogas. Trabajamos en un ambiente que los profesores no podemos controlar. Y esta ley pareciera ser un distractor social para decir “el gobierno se preocupa”, pero no aborda el origen de fondo del problema. No podemos aislar la agresión contra un profesor o contra un compañero del consumo de drogas al interior del colegio, por ejemplo – dijo a CIPER un profesor de un liceo técnico profesional de Quinta Normal.

 

El relato se repitió en cada escuela: en Puente Alto una apoderada amenazó con “correr a balazos” a la directora del liceo y al encargado de convivencia si suspendían a su hija; en Quinta Normal, un profesor de música recibió un puñetazo en la cara de un estudiante al que había sacado de la sala –porque no era su clase, pero él quería quedarse con su polola–; en Recoleta hasta hace poco era normal ver a alumnos “zombi” por el uso de pastillas como clonazepam, un ansiolítico usado comúnmente entre los escolares como droga recreativa y que compraban en el mismo liceo; en Renca un estudiante de quinto básico llegó a la escuela con un arma; en La Pintana casi la mitad de los profesores están con licencia médica, la mayoría por depresión o crisis de pánico, trastornos que en muchos casos se desatan por el pésimo ambiente en que trabajan, según información proporcionada por el Departamento de Educación municipal.

 

El recorrido hecho por CIPER constató que en las escuelas municipales al problema de las agresiones y del tráfico de drogas, se suma, en muchos casos, la ausencia de los apoderados. El profesor jefe de un segundo medio en un liceo en Quinta Normal dijo a CIPER: “El promedio de asistencia a las reuniones de este año ha sido de unos 12, de 32 apoderados. Debe haber por lo menos 10 que no conozco, que no han venido en todo el año y no van a venir. Entonces, los problemas de convivencia que tenemos con sus hijos, ¿con quién los solucionamos? Porque les ponemos anotaciones negativas una tras otra, mandamos a buscar al apoderado, y este no viene”. En ese contexto, que se repite en los liceos visitados por CIPER, los docentes insisten en que necesitan más herramientas y capacitación para enfrentar estas situaciones.

 

Un profesor de un liceo técnico de Puente Alto planteó que en ese establecimiento cuentan solo con una “dupla psico-social” para más de 500 estudiantes. Los profesionales, según el maestro, solo dan abasto para ver los casos “realmente problemáticos”. El resto queda a la deriva. – ¿Y los otros? ¿Y los que están empezando a mostrar conductas violentas? Hay niños que podríamos tomar desde ahora para hacer un trabajo preventivo, de contención más que de reaccionar para solucionar un problema cuando ya apareció. Pero la prevención no existe– indicó el profesor. Tamara Contreras, directora de la escuela básica Domingo Santa María, de Renca, explicó a CIPER que ya la Ley de Inclusión –que eliminó el lucro y la selección en los colegios que reciben aportes del Estado, entre otras medidas– quedó corta. Precisamente, explicó, “faltó invertir en los docentes, en capacitarlos en relación al trabajo con las duplas psico-sociales”.

 

Proyecto Inútil

Poco después de que, a principios de septiembre, aparecieran los primeros “overoles blancos” en el Liceo de Aplicación, dos de los estudiantes acusados de participar en los disturbios llegaron al Liceo Valentín Letelier de Recoleta. Aún sin las normas propuestas en la ley Aula Segura, el nuevo colegio pudo neutralizar la conflictividad de los jóvenes y, al menos en un caso, consiguió su inserción en la comunidad escolar. ¿Cómo lo logró? Con un reglamento interno claro, rondas de inspectoría y asegurando a las organizaciones del alumnado que su voz es escuchada y considerada por el colegio. Todo esto, que funcionó muy bien, no está incluido en el proyecto de ley que se discute en el Congreso.

 

Uno de los alumnos que llegaron al Valentín Letelier desde el Aplicación duró unas pocas semanas. El otro, según los docentes del liceo, se acomodó a los nuevos códigos: “El que se fue no encontró eco a sus formas, los alumnos no prendieron con él. El otro, en cambio, vio que podía manifestarse libremente, pero por otros medios”, dijo a CIPER el director del establecimiento, Víctor Jofré. El Valentín Letelier arrastraba desde hacía años un “estigma de violencia”, según el director Jofré. Más que por las peleas entre los estudiantes o el consumo de drogas, el colegio fue conocido durante varios años por las barricadas, los detenidos, las bombas molotov. El director planteó a CIPER que debieron establecer procedimientos en su Reglamento Interno para prevenir estas situaciones: inspectoría revisó de manera permanente el colegio, hizo rondas y se coordinó con el Centro de Estudiantes. El trabajo “preventivo” que explica el director del Liceo Valentín Letelier es lo que profesores de otros establecimientos municipales exigen. Esto, porque temen que, si no se hace, el estudiante sancionado simplemente será “trasladado” a otro colegio que lo recibirá sin las herramientas para entenderse con él.

 

Daniela Eroles, encargada de Educación de la Corporación Municipal de Renca, dijo a CIPER que es importante que cada escuela tenga las capacidades para enfrentar los problemas de convivencia escolar, considerando su propio contexto: “Cuando hay una escuela que excluye, tiene que haber otra que incluye, y que tiene que asumir toda la complejidad del problema. Si todas las escuelas asumieran la realidad de los estudiantes, con toda su diversidad, resultaría más posible abordar estos problemas que si concentramos todas las complejidades juntas en una misma escuela, porque las otras no se hicieron cargo”

 

Ese sentimiento, de que el gobierno está tomando una decisión que favorece a los liceos emblemáticos en desmedro del resto de los colegios municipales, fue manifestado por todos los docentes consultados por CIPER. En Puente Alto, una profesora cuestionó que el proyecto Aula Segura busque proteger los derechos de los estudiantes y profesores, ya que no considera los de los alumnos y docentes de los colegios que reciben a los expulsados desde el centro de Santiago. En especial, porque se les asignan menos recursos que a los liceos emblemáticos y porque, a diferencia de éstos, no pueden seleccionar a los estudiantes que matriculan.

 

–Nosotros también creemos que hay alumnos que tienen que ser expulsados, sobre todo en casos de violencia contra los profesores o contra sus pares. Pero, ¿qué hacemos con esos chicos? ¿A dónde los mandamos? Al final, ¿dónde van a terminar? Si los echan de acá no los van a recibir en otros liceos, terminan haciendo dos años en uno, nocturna o desertando. Esta ley pareciera ser más bien una manera de “limpiar” los liceos emblemáticos de los estudiantes que les causan problemas. Esos jóvenes van a llegar a los demás liceos municipales, que ya tienen otros problemas con los alumnos: drogas, armas, violencia. Entonces, con menos recursos que los emblemáticos vamos a tener que trabajar con más alumnos problemáticos– explicó la docente.

 

La violencia en los colegios de comunas populares existe, pero está directamente relacionada con la Pobreza y Desigualdad Social del país, y esos son problemas estructurales que a la Derecha no le interesa resolver. El proyecto Aula Segura no es más que un fraude, una maniobra comunicacional del Gobierno de Piñera para hacer parecer que “están haciendo algo” en este Gobierno que es un desastre completo




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1 comentario

  1. El proyecto aula segura es una estupidez comparable solo a la publicidad tiempos mejores o el cristo vive, el narcotráfico instalado en sectores urbanos pobres y medios empobrecidos, cambia los reforzadores positivos, el insertarse en ese mundo ofrece recompensas rápidas pero riesgosas, por lo que también se aprovecha de la disposición natural por rasgos de personalidad de los adolescentes a la búsqueda de emociones intensas, en especial en hombres. La desesperanza aprendida en el contexto de un sistema educativo municipal paupérrimo, sumado a entornos inmundos llenos de basura y perros vagos, termina haciéndolos sentir que no pueden ser buenos para nada más, ademas está la inestabilidad económica de sus hogares en un creciente contexto de precariedad laboral y cesantía. El concepto de desesperanza aprendida proviene de las investigaciones en estrés postraumático, porque eso es lo que se tiene cuando los niños crecen entre enfrentamientos a balazos, sumado a la violencia intrafamiliar que recorre ambientes con gran cantidad de estresores psicosociales. Estos fenómenos deben estudiarse dentro de lo que se conoce como la interacción de micro, meso y macrosistema y no a través de frases estúpidas como “delincuentes se les acabó la fiesta” o “tiempos mejores”.

    La historia la conocemos se decidió por el populismo penal incluso contra los menores de edad y los delitos aumentan (los delitos mencionados en la nota siempre gravitan en torno al consumo y tráfico de drogas). Hay poblaciones intervenidas por décadas y lo único que tenemos es que las fuerzas de orden parecen haberse sumado al mismo tráfico más que impedirlo. Las penas endurecidas tampoco cambian esta tendencia porque el castigo, de acuerdo a la psicología conductual más básica, no previene la aparición de comportamientos, más bien se requiere reforzar la conducta que se quiere que se manifieste. Las cárceles por otra parte sobrepobladas son un monumento a la degradación humana, lo mismo que el sename, porque lo que deberían haber son centros especializados para los casos graves (tampoco queremos que criminales peligrosos sean mayores o menores de edad estén libres, pero si se requieren de centros especializados a todo nivel, ademas de re-inserción para ellos) y no que termine un vendedor de cd en estos recintos, por dar un ejemplo.

    Ni hablar de que los delitos cometidos por gente adinerada no son castigados, ya que ellos son los criminalizadores, los que hacen las leyes y tanto la criminología , como la psicología y la psiquiatría ha gastado más tiempo comprendiendo solo a los criminales y no a los criminalizadores cuya corrupción genera los entornos de pobreza descritos anteriormente, por ejemplo tenemos el perfil del violador o del asaltante pero no de los que viven del populismo penal.

    Para finalizar a pesar de todas estas condiciones cuando la gente de estos sectores pobres y medios empobrecidos tratan de organizarse a nivel comunitario, son nuevamente amedrentados por los narcotráficantes, sin que las fuerzas de orden hagan nada y la sospecha es más que válida sobre la razón, cuando aparecen haciendo mexicanas o prestando protección a narcos, son noticias de dominio público consultables por cualquiera. En este sentido muchos desde sus pulpitos progres, tratan de facho pobre a la gente y les reprochan no organizarse, a pesar del riesgo que implica, a la vez que les encanta también comprar droga y seguir alimentando el negocio desde sus lujosos bares del sector alto. El candidato Artés propuso pena de muerte para los grandes narcotraficantes y el silencio o el repudio de todos los sectores llama la atención en un país proclive al populismo penal y solo se explica porque la droga atravesó toda la institucionalidad y la sociedad.

    Como conclusión creo que es necesario invertir millones y millones en intervención social, psicológica, comunitaria, económica en estos sectores pobres y medios empobrecidos en todos sus sistemas de salud, educación y cortarla con el populismo cavernario e ignorante de Piñera , de tal manera de revertir el cambio de reforzadores que ha generado el narcotrafico, eso a nivel de prevención y ademas centros realmente especializados con personal competente, si ese que cuesta caro, para menores que hayan delinquido, mantener las cárceles solo para criminales peligrosos y no por cualquier falta absurda, porque a esta altura ya no se sostiene la mentira de la puerta giratoria y finalmente la desarticulación decidida de todas las bandas de grandes narcos por todos los medios policiales y legales que existan, a menos que sean financistas de las campañas claro en realidad. Eso me parece que debería ser la agenda en este tema para una izquierda racional basada en la ciencia para este tema, hacer lo que no se ha hecho e invertir en serio en hacerlo.

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