El adoctrinamiento religioso infantil elimina la frontera entre realidad y ficción

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EDUCACION RELIGION

 

VÍA LA CIENCIA Y SUS DEMONIOS

 

La infancia es la etapa de la vida fundamentalmente orientada al aprendizaje, momento en donde se definen (muchas veces de manera irreversible) los comportamientos y los modos de pensar que luego el ser humano va a utilizar durante el resto de la vida. Es por ello que cualquier distorsión en la capacidad de raciocinio o comprensión de la realidad en esta temprana pero primordial etapa de la vida puede afectar (a veces muy negativamente) al futuro desarrollo intelectual del individuo.

 

Para comprender como los niños entienden la realidad y que factores influyen en la capacidad de discriminación entre realidad y ficción, un grupo de investigadores estadounidenses seleccionaron para un estudio a niños de entre 5 y 6 años, habitantes una misma ciudad y entorno socioeconómico similar pero con diferente grado de exposición a la religión. Así se formaron 4 grupos: niños que asistían a una escuela pública (recordemos que en los EEUU está prohibido por ley cualquier tipo de proselitismo o adoctrinamiento religioso en los centros públicos) o a un colegio religioso, junto con la posibilidad de que ambos acudieran o no a catequesis en una parroquia.

 

A todos ellos se les presentó la misma historia con la única salvedad de que una variante (realista) de la misma no contenía ningún elemento mágico, en otra (religiosa) se incluían milagros producidos por la intervención divina y la tercera (fantástica) incluía elementos mágicos, pero sin intervención divina. Después los niños debían decidir si el personaje protagonista de cada una de las historias podía ser real al estilo de un personaje histórico o inventado como en un cuento o novela de ficción. Pues bien, tal y como muestra la siguiente figura

 

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La mayoría de los niños independientemente de su exposición a la religión afirmaron que el protagonista de la versión realista era creíble. Respecto a la variante mística funcionó perfectamente el adoctrinamiento eclesiástico y los niños “educados” bajo tutela religiosa, independientemente de si recibían dicha formación en el colegio o en la iglesia, entendieron como verídicos esos hechos, mientras que los niños no sujetos a influencia religiosa detectaron muy mayoritariamente que se trataba de una historia de ficción con pocos visos de veracidad. Dato que muestra muy crudamente el poder de distorsión que tiene la religión a la hora de alterar el raciocinio humano.

 

Además este dato indica que los niños no viven en un permanente mundo de ficción y que saben diferenciar perfectamente la realidad de la fantasía siempre y cuando no hayan sido previamente adoctrinados. Y otro resultado interesante fue la distribución de respuestas de los chavales frente a la variante fantástica. Aquí según se muestra en la siguiente figura

 

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Los niños educados sin religión volvieron a entender como novelada la historia que se les había contado, mientras que aquellos influidos por la religión se creyeron la historia de acuerdo a la cantidad de esta exposición. Así, puesto que lo normal es acudir a la catequesis en la parroquia fuera del horario escolar o los fines de semana, mientras que la asistencia a clase implica bastantes horas durante 5 días semanales, la proporción de niños que se creyeron la historia mágica era mayor en los niños escolarizados en un entorno religioso frente a los que sólo acudían a catequesis y también que aquellos niños que asistían a ambas instituciones religiosas a la vez presentaron los valores más altos de credulidad, aunque en este caso la mitad de ellos entendieron la historia mágica como inverosímil. Hecho que muestra que cuando no hay un condicionante explícito parte de estos niños son capaces de diferenciar la fantasía de la verosimilitud.

 

En resumen este estudio muestra que una vez abierta la caja de Pandora de la credulidad, por la imposición de ciertos mitos increíbles como historias verdaderas, es imposible volver a cerrarla o controlarla de alguna manera y entonces muchos de estos niños aceptan casi cualquier cosa como cierta.

 

 

 

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