El populista y antipolítica Nayib Bukele destituyó a los jueces de la Corte Suprema, El Salvador oficialmente se convirtió en una Dictadura

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Siempre hay que desconfiar de los políticos populistas que tienen un discurso en contra de la política y apitutan a todos sus familiares en el Estado, de los mesiánicos que dicen hablar “en nombre del pueblo”, que ven todo blanco o negro sin matices, que tratan a todos sus críticos de “vendidos”, y que hacen política por las redes sociales. ¿Les suena conocida la historia con cierta populista en Chile? Bueno, este es el caso del presidente Nayib Bukele, que acaba de destituir a los jueces de la Corte Suprema, convirtiendo a El Salvador oficialmente en una Dictadura. Artículos de New York Times y El País detallan:

 

La primera medida de la nueva Asamblea Legislativa de El Salvador ha sido un golpe al Constitucional por haberse interpuesto en el camino unilateral del presidente, Nayib Bukele. El Parlamento elegido hace dos meses, de mayoría oficialista, aprobó el sábado la destitución de los magistrados titulares y suplentes de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. El argumento de los legisladores coincide con las acusaciones que el mandatario lanzó contra el tribunal por haber frenado unos decretos relacionados con la gestión de la emergencia sanitaria. La decisión de la Asamblea del país centroamericano, que nombrará unos sustitutos, ya ha recibido las críticas públicas de la Administración de Joe Biden a través de Juan González, su asesor para América Latina, y manifestaciones de repudio de organismos internacional como Human Rights Watch (HRW).

 

La moción ha sido presentada por la vicepresidenta de la Asamblea recién instalada, Suecy Callejas. “Por iniciativa de varios diputados, solicito se incluya con dispensa de trámite a conocimiento de este Pleno legislativo una pieza de correspondencia a efectos de promover la destitución de los magistrados propietarios y suplentes de la Sala Constitucional de la Corte suprema de Justicia”, ha pedido la diputada entre aplausos de su bancada. La medida, que afecta a los cinco jueces titulares y a los cuatro suplentes, ha salido adelante a toda prisa sin el trámite parlamentario habitual.

 

Bukele no ha tardado en defender la iniciativa a través de Twitter. “La destitución de los magistrados de la Sala de lo Constitucional por parte de la Asamblea es una facultad incontrovertible expresada claramente el artículo 186 de la Constitución de la República”. Ese artículo, en efecto, dispone que los magistrados podrán ser destituidos “por causas específicas, previamente establecidas por la ley”. Sin embargo, en esta ocasión las motivaciones no son de carácter legal sino político.

 

El rotundo triunfo del presidente en los últimos comicios legislativos, con un margen que no tenía precedentes desde que terminó la guerra hace casi tres décadas, multiplicó las facultades de Bukele, que a través del Parlamento y su partido, Nuevas Ideas, puede impulsar decisiones como la de este sábado sin necesidad de negociar. Es decir, el mandatario puede deshacerse de los contrapoderes que caracterizan una democracia por el mero hecho de no coincidir con sus resoluciones.

 

Bukele, aupado al Gobierno por el descontento en 2019, ha estado en numerosas ocasiones en el centro de la polémica por sus cuestionadas recetas contra las maras, que le han costado señalamientos por violaciones de los derechos humanos. Este episodio confirma su voluntad de afianzarse en el poder. “Rompe con el Estado de derecho y busca concentrar todo el poder en sus manos”, ha criticado el director para las Américas de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco. A su repudio se ha añadido un lapidario comentario de Juan González, el hombre de Biden para el Hemisferio Occidental. “Así no se hace”, sentenció González, que ya ha hace semanas manifestó su preocupación por el hostigamiento del presidente salvadoreño a los medios de comunicación.

 

POPULISTA, TUITERO, Y DICTADOR “EN NOMBRE DEL PUEBLO”

A Nayib Bukele, presidente de El Salvador, le estorba la democracia. Lo ha terminado de confirmar con sus actos durante el manejo de la crisis provocada por el coronavirus. Las señales estaban ahí desde el principio, pero ha sido en estos meses de marzo y abril en los que Bukele se ha exhibido en todo su esplendor como un hombre autoritario, dispuesto a saltarse las reglas más básicas de la república y gobernar solo un país que lo sigue adorando, según las últimas encuestas.

 

Fue escandaloso lo que hizo Bukele en febrero de 2016. Entonces, siendo aún alcalde capitalino por el izquierdista FMLN, un Bukele poco demócrata amenazó al fiscal general con que el pueblo lo iba “a sacar de la oficina”. Todo era en respuesta a que había sido citado a declarar por un caso en su contra. Estaba siendo investigado por supuestamente liderar a un grupo de informáticos que hicieron ataques digitales a los dos principales diarios impresos del país. Bukele acudió a la cita acuerpado por un millar de seguidores. Fue un parteaguas en la historia democrática salvadoreña lo que hizo Bukele en febrero de 2020.

 

Tras varias semanas de discutir con los diputados la autorización legislativa para negociar un préstamo de 109 millones para su plan de seguridad, un Bukele con ínfulas de dictador se tomó la Asamblea Legislativa con militares y policías. El domingo 9 de febrero, convocó a cerca de 5000 personas frente al palacio del primer órgano del Estado y entró al salón donde se realizan las plenarias a rezar rodeado de soldados con fusiles. Salió y dijo que Dios acababa de hablarle y pedirle paciencia. O sea, Dios le pidió no seguir con su plan de desmantelar el Legislativo. Ni siquiera durante la guerra civil salvadoreña los militares se habían tomado la Asamblea. Bukele, fiel a su estrategia de manual populista (Dios, el pueblo, las emociones y los enemigos), argüía que todo tenía que ver con el bienestar de la gente. Luego se demostraría que era una estrategia de marketing que se le salió de las manos. Esperaban desviar la atención de temas que lo incomodaban.

 

Pero esta vez, lo que Bukele ha hecho, fue la ruptura del orden democrático. Desde el miércoles 11 de marzo, cuando su gobierno decretó la emergencia nacional por el coronavirus, Bukele ha ejercido su mandato por Twitter y sin pedir permiso, como un monarca con internet. Bukele ha publicado varios decretos a través de un tuit desde que inició la emergencia. Tras hacerlo, ha dado por anunciada a la población de su existencia y vigencia. Sus tuits son como edictos reales que se hacen ley justo a la hora que el tuit se publicó. Ninguna democracia puede funcionar como funciona El Salvador ahora mismo: el presidente tuitea, los militares salen a las calles a cumplir la orden.

 

La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, el máximo tribunal del país, ha emitido tres resoluciones donde declara improcedentes algunas de las normas impuestas por Bukele —como detener gente por violar supuestamente la cuarentena, decomisar los vehículos de esas personas o entrar a casas de gente “sospechosa” de contagio—. La Sala nunca pidió desmontar las medidas de cuarentena, sino decretarlas por la vía legal: enviando el proyecto a los diputados y esperando a que ellos lo conviertan en ley de forma clara, para que no haya criterios arbitrarios ni soldados convertidos en jueces durante la emergencia. Bukele desoyó las dos primeras veces. La tercera, respondió fuerte y claro, y como todo un populista y autoritario: “Ninguna resolución está por encima del derecho constitucional a la vida y la salud del pueblo salvadoreño” La Sala no pide que se deje morir a nadie, sino que se cree un marco bien delimitado para no violar los derechos humanos de la gente mientras se intenta cuidar su salud. Bukele lo sabe, pero no le gusta negociar, le incomoda dialogar y le ofusca que lo contradigan.




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3 comentarios

  1. Javier Muñoz on

    Contra las «maras» no se puede luchar con las armas de la democracia. ¿pero que no está haciendo algo similar que desde hace mas de 75 años se hace en China, y mas de 60 años en Cuba???.

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