Inútil a nivel mundial: New York Times y Washington Post detallaron el fracaso de Piñera en controlar la pandemia a pesar del exitoso proceso de vacunación

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Debe ser la enésima vez que lo repetimos: Considerando el exitoso proceso de vacunación, (que se lo debemos a la Universidad Católica y al excelente sistema de salud primaria) lo ÚNICO que tenía que hacer Piñera era establecer una cuarentena total de dos semanas a comienzos de marzo. De hacerlo, su éxito en controlar la pandemia estaría siendo noticia en el mundo entero. Pero como el tipo es un imbécil que no sigue las recomendaciones de los expertos, y le importa más la economía que la salud de las personas, celebró antes de tiempo abriendo el país completo, y ahora tenemos cifras récords tanto de muertes como de contagios, y su rotundo fracaso en controlar la pandemia ya es noticia mundial

 

NEW YORK TIMES

Tras negociar el acceso temprano a decenas de millones de dosis de vacunas contra la COVID-19, Chile ha inoculado a sus habitantes más rápidamente que cualquier otro país de América y parece estar a punto de ser uno de los primeros del mundo en alcanzar la inmunidad de rebaño. Pero los expertos afirman que la rápida y eficiente campaña de vacunación del país —solo Israel, Emiratos Árabes Unidos y Seychelles han vacunado a una proporción mayor de su población— dio a los chilenos una falsa sensación de seguridad y contribuyó a un fuerte aumento de nuevas infecciones y muertes que ahora sobrecarga el sistema de salud.

 

El aumento de los casos, incluso cuando más de un tercio de la población chilena ha recibido al menos la primera dosis de una vacuna para la COVID-19, sirve de advertencia para otros países que esperan que las campañas de vacunación pongan fin rápidamente a la era de las fronteras cerradas, las economías bajo asedio y el distanciamiento social. El aumento de los casos desencadenó una nueva serie de estrictas medidas de confinamiento que han restringido la movilidad de casi 14 millones de personas. “Cuando las tasas de transmisión son altas, la vacuna no frena de inmediato las nuevas infecciones”, dijo Denise Garrett, epidemióloga del Instituto de Vacunas Sabin en Washington D.C. “Y con las nuevas variantes, que son más contagiosas, no es probable que veamos un gran impacto hasta que la gran mayoría de la población esté vacunada”.

 

La gravedad de la crisis en Chile se hizo evidente el domingo, cuando el presidente Sebastián Piñera pidió al Congreso que retrasara seis semanas la votación prevista para principios de abril para elegir a los representantes que redactarán una nueva Constitución y a otros funcionarios. Aunque más de seis millones de los 18 millones de personas del país han sido vacunados, un aumento de los contagios ha dejado a las unidades de cuidados intensivos operando con pocas camas de sobra y el sistema en un punto límite. La semana pasada, Chile registró 7626 nuevos casos de COVID-19 en un solo día, un récord, y el ritmo de nuevas infecciones se ha duplicado en el último mes. El principal hospital de la ciudad costeña de Valparaíso tuvo que abrir durante el fin de semana una nueva morgue, porque la que tienen está desbordada. Los funcionarios de salud de Chile identificaron casos de nuevas variantes que se detectaron por primera vez en Reino Unido y Brasil.

 

Francisca Crispi, presidenta regional en Santiago del Colegio Médico de Chile, afirmó que entre el 20 y el 30 por ciento de los profesionales de la medicina en el país han pedido licencia porque están muy agotados. Muchos tienen problemas de salud mental e ideaciones suicidas, añadió. “Nadie duda que el proceso de vacunación ha sido un gran éxito”, dijo. “Pero se transmitió un falso mensaje a la ciudadanía de que, como ya estamos vacunando, se acaba la pandemia”. El gobierno se precipitó al reabrir sus fronteras en noviembre y al suavizar las restricciones a los negocios, dijo Crispi. En enero, después de restringir fuertemente el flujo de personas a través de las fronteras provinciales, el país creó un sistema de permisos para que los chilenos se fueran de vacaciones de verano. “No hubo un control y trazabilidad efectivos de las personas que llegaron al país”, dijo Crispi. “Muchas personas salieron de vacaciones fuera del país. Eso fue una medida muy equivocada”.

 

Pronto, Chile también permitió la reapertura de gimnasios, iglesias, centros comerciales, restaurantes y hasta casinos. Incluso cuando los expertos pidieron precaución, el gobierno se aferró a su plan de reabrir las escuelas el 1 de marzo. A medida que la gente empezaba a moverse y a consumir con mayor facilidad, los médicos empezaron a preocuparse, sobre todo porque el gobierno no disponía de un sistema eficaz de rastreo de contactos. “Esta situación la veíamos venir”, dijo Claudia Cortés, especialista en enfermedades infecciosas que dicta clases en la Universidad de Chile y ha estado tratando pacientes con COVID-19 en una clínica privada de Santiago. “Más de cuatro millones de personas se movieron a lo largo del país, lo cual hizo que la infección, que estaba concentrada en lugares grandes, se distribuyera por todo el país”.

 

WASHINGTON POST

La gestión del gobierno de Chile vinculada al proceso de vacunación contra el COVID-19, tanto las negociaciones con diferentes laboratorios a principios de la pandemia como la compra oportuna, dieron paso a una exitosa campaña de inoculación que llamó la atención internacional por la rapidez, eficacia y cobertura ejemplar. En un año de elecciones presidenciales y con un constante estado de crisis que ha marcado la actual administración, analistas y políticos intentan adelantar este hito como parte importante del legado que dejará el segundo mandato de Sebastián Piñera.

 

Chile se posicionó en pocas semanas como el líder latinoamericano y uno de los tres primeros países a nivel mundial. Pero al mismo tiempo que el gobierno celebraba su éxito, expertos en salubridad advertían que la inoculación no podía presentarse como un hecho aislado, pues el proceso debía ir acompañado de cuarentenas, de un plan coordinado y, sobre todo, de un claro mensaje a la población: las vacunas no sustituyen las medidas sanitarias para evitar la propagación de los contagios.

 

La Organización Mundial de la Salud advertía que “podría esperarse que con las vacunaciones los casos bajaran, pero son solo una de las herramientas para frenar los contagios y no podemos descansar solo en ella”. No fue la única en hacer esta observación. El Colegio Médico (Colmed), una asociación gremial que reúne a los médicos chilenos y que forma parte de la Mesa Social que asesora al gobierno, hizo el mismo llamado durante el verano austral, incitando al gobierno a no bajar la guardia y mantener las restricciones sanitarias y de movilidad.

 

Ya en enero pasado, el Colmed pedía suspender el permiso de vacaciones pues solo en la zona turística de Valparaíso se registraba una ocupación total de camas críticas. Mientras los expertos advertían que la segunda ola se podría convertir en tsunami, el ministro de Salud, Enrique Paris, se aferraba a la decisión desoyendo una vez más las recomendaciones de los expertos. (Para el 28 de marzo, Valparaíso anunciaba el colapso total de su morgue y los cuerpos se acumulaban en los pasillos del hospital Van Buren).

 

Un mes después, el gobierno celebraba por adelantado los resultados de la vacunación instalando una narrativa de éxito que entregaba un mensaje errado. La vacuna se presentó como una solución inmediata, un avance milagroso que daba un respiro a una población cansada después de un año de confinamiento, aun cuando apenas se había vacunado a 16% de la población. Fue el impulso que hacía falta para dar rienda suelta a salidas, viajes al extranjero y dentro del país, compras y reuniones sociales. En cada reporte sanitario y felicitación que llegaba desde el extranjero, el gobierno se sumaba al entusiasmo sin revisar los protocolos y mucho menos asumir una cuota de autocrítica. Solo hubo reacción cuando las cifras hablaron por sí mismas, decretando una cuarentena total que deja a 97% de la población en un confinamiento estricto debido a la urgencia de la última semana.

 

Pero en estos tres años de gobierno, esta desconexión con la realidad no ha sido la excepción sino la tónica de su discurso. Como quien se aferra al autoengaño, tanto el presidente como sus ministros repiten algunos mitos que intentan instalar como verdades. En 2019 Piñera aseguró que Chile es un oasis de estabilidad en América Latina. Poco después el exministro de Salud Jaime Mañalich afirmó que “nuestro sistema de salud es uno de los mejores y más eficientes del planeta”. Al desatino se sumó también el subsecretario de Redes Asistenciales, Luis Castillo, quien dijo que la gente iba temprano a los consultorios médicos a hacer vida social, en un país que cada invierno registra colapsos en el sistema de salud, obligando a los enfermos a llegar de madrugada para esperar un turno para ser atendidos.

 

Son comentarios y frases que pasarán a la historia como una muestra palpable de las dos realidades que se viven en Chile: la de la élite y la de los ciudadanos comunes y corrientes. El estallido social parece estar lejos de convertirse en una lección aprendida y el gobierno insiste en dejar su impronta de vecino exitoso del barrio: el que quiere ganar todas pero es incapaz de renunciar a algo. Por eso le parece factible compatibilizar una gran campaña de vacunación al mismo tiempo que pone como prioridad reactivar la economía. Sin un plan de apoyo efectivo a las familias menos privilegiadas, los trabajadores han debido recurrir a sus ahorros para la jubilación, a sus seguros de desempleo o arriesgando su salud en transportes públicos saturados para atravesar la ciudad y no perder sus fuentes laborales.

 

A dos semanas de las elecciones de alcaldes, gobernadores y constituyentes que redactarán una nueva Constitución, el presidente anunció el 28 de marzo que se aplazarán los comicios hasta mediados de mayo. Aunque la medida parecía inminente, la sorpresa está en la ausencia de un plan que acompañe esta decisión, tal como ha insistido la Mesa Social del COVID-19 y el Consejo Asesor. Con un promedio de contagios que ha superado los 7,000 casos diarios durante la última semana (en una población total de un poco más de 18 millones y donde 33% ha recibido la vacuna), más que en el peor momento de la pandemia en junio de 2020; con hospitales colapsados y con más de 30,000 muertos por COVID-19, entre confirmados y probables, según reconoce el informe epidemiológico del ministerio de Salud. Sin embargo, el gobierno sigue sin pronunciar nuevas medidas sobre el cierre de aeropuertos, de centros comerciales o de un apoyo económico que permita una cuarentena segura para toda la población.

 

El autoengaño los ha llevado a congratularse entre pares, padeciendo de una sordera crónica ante las recomendaciones de asesores que ellos mismos han convocado, pero que luego ignoran. Con estas cifras, el gobierno deja más claro cuál será su legado: haber mantenido al país en una permanente crisis política, social y ahora sanitaria, acumulando muertos por los que, más temprano que tarde, tendrá que rendir cuentas y aceptar su rotundo fracaso.




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3 comentarios

  1. tommaso cavalieri on

    Piñera is a nazi fascist vampire evangelical and thief protected by faithful dogs and no one supports the unhappy anymore. Esta es la portada de new york times.

  2. El payaso ladron queria ser el primero, bueno ahora lo es. Es el primero entre los weones mas pencas e inutiles del mundo, el primero entre los gobiernos mas malos y corruptos de la historia mundial. Esta bazofia está rompiendo todos los records y su premio será un cupo en la carcel con un bonito traje a rayas.

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